Con profundo espíritu fraterno, ponemos a disposición de la comunidad este material de la Novena a San Francisco de Asís, inspirado en el VIII Centenario del Cántico de las Criaturas, como una propuesta concreta para animar la preparación espiritual durante los nueve días previos a la fiesta de nuestro Santo Patrono. Esta novena no es solo un conjunto de oraciones, sino un itinerario de fe, que nos invita a caminar con San Francisco, a orar con la creación y a redescubrir la presencia del Altísimo en lo cotidiano
Cada jornada está cuidadosamente estructurada a partir de una estrofa del Cántico, iluminada por los Escritos de San Francisco, preguntas que interpelan la vida personal y comunitaria, testimonios sugeridos y una oración que conduce al compromiso. De este modo, la novena se convierte en una escuela de gratitud, fraternidad y esperanza, ayudándonos a vivir con mayor sencillez, humildad y responsabilidad con la casa común, en sintonía con el carisma franciscano
Invitamos a familias, niños, jóvenes, comunidades, grupos pastorales e instituciones educativas a asumir este material como una oportunidad para preparar el corazón, fortalecer la vida comunitaria y orientar nuestra mirada hacia la celebración eucarística, culmen de la novena y fuente de toda alabanza. Que estos nueve días nos ayuden a proclamar con la vida lo que rezamos con los labios: “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas”, y a celebrar la fiesta de San Francisco como un verdadero impulso para vivir hoy su espiritualidad de paz, fraternidad y amor al Creador.
Día 1 – “Altísimo, omnipotente, buen Señor”
La novena inicia poniendo a Dios en el centro de la vida. San Francisco nos enseña a reconocer al Altísimo como origen y meta de todo, invitándonos a vivir con humildad, gratitud y confianza, recordando que nada nos pertenece y todo es don.
Día 2 – “Tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor”
Este día profundiza en la actitud de desprendimiento interior. Francisco nos exhorta a no gloriarnos en lo que somos o tenemos, sino a devolver toda gloria a Dios, abrazando la cruz de Cristo como verdadero camino de grandeza y libertad evangélica.
Día 3 – “A ti solo, Altísimo”
La jornada invita a purificar el corazón y la fe, reconociendo que solo Dios merece nuestra adoración. Se enfatiza la centralidad de la oración perseverante y de la vida litúrgica como expresión concreta de que Dios ocupa el primer lugar.
Día 4 – “Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas”
San Francisco aparece como el hermano universal. Este día nos abre a una mirada contemplativa sobre la creación, entendida no como objeto de uso, sino como hermana y madre, llamada a ser cuidada con responsabilidad y amor.
Día 5 – “Loado seas, mi Señor, especialmente por el hermano sol”
El sol es signo de la fidelidad y gratuidad de Dios. La reflexión conduce a reconocer a Cristo como la luz que disipa las tinieblas, invitando a los creyentes a ser portadores de esperanza y claridad en medio de un mundo marcado por sombras.
Día 6 – “Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas”
En medio de la noche, Dios sigue iluminando. Este día destaca la experiencia de Francisco en las pruebas, mostrando cómo las dificultades pueden transformarse en camino de fe, y cómo la Eucaristía es luz segura en las noches del alma.
Día 7 – “Loado seas, mi Señor, por el hermano viento”
El viento simboliza la acción del Espíritu Santo. Se invita a dejarse conducir por el soplo de Dios, renovando la vida interior, la conversión y el amor reverente por la Eucaristía, centro de la vida cristiana y franciscana.
Día 8 – “Loado seas, mi Señor, por la hermana agua y por el hermano fuego”
Este día contempla dos signos fundamentales: el agua, humilde y necesaria, y el fuego, fuerte y purificador. Ambos expresan el cuidado de Dios y llaman a una vida que purifica, consuela y anima, especialmente en el servicio a los demás.
Día 9 – “Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra y por la hermana muerte corporal”
La novena culmina con una mirada madura y esperanzada sobre la vida y la muerte. Francisco enseña a vivir reconciliados con la creación y a aceptar la muerte como paso confiado hacia Dios, viviendo en paz, perdón y fidelidad al Evangelio.