Con el corazón lleno de alegría y espíritu fraterno, los niños y adolescentes del grupo Infancia Misionera de la Basílica Menor Nuestra Señora de los Ángeles – San Francisco participaron este sábado en la Eucaristía comunitaria, ofreciendo un testimonio vivo de fe y compromiso misionero. Desde las lecturas hasta las ofrendas y el canto, cada servicio fue asumido con entusiasmo y amor, reflejando la sencillez y entrega propias del carisma franciscano.
Bajo la mirada amorosa de la Virgen de los Ángeles, los pequeños misioneros recordaron que seguir a Jesús es vivir con corazón abierto, sembrando esperanza donde hay tristeza y compartiendo el bien con alegría. Su participación no solo animó la liturgia, sino que también encendió en la comunidad el deseo de vivir la misión como un estilo de vida, al modo de San Francisco de Asís.
“Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios”
“Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho” (San Francisco de Asís, 1 Celano 103). Inspirados por estas palabras del Pobrecillo de Asís, los niños descubren que la misión comienza en lo pequeño: en la oración, el servicio y la sonrisa compartida. Ellos son verdaderos “portadores de esperanza”, signo vivo de una Iglesia joven y alegre que anuncia el Evangelio con gestos concretos de amor y fraternidad.
Esta experiencia se vivió en un clima de profunda comunión con toda la Iglesia que se prepara para celebrar el DOMUND 2025, el Domingo Mundial de las Misiones, este 19 de octubre, bajo el lema: «Portadores de Esperanza, tras las huellas del Señor». Una jornada que invita a todos los fieles a caminar juntos, comprometidos con las misiones y con el testimonio de quienes, como San Francisco, anunciaron la paz y el bien en cada rincón del mundo.
La Basílica San Francisco continúa siendo un hogar espiritual donde florece la fe, especialmente en los más pequeños, que con su ternura y entrega nos recuerdan que la verdadera misión nace del amor y se vive con alegría franciscana.

